Friday, March 12, 2010

¡Pero no existo!

Históricamente los sistemas políticos, legales, culturales, religiosos y sociales han estado concebidos para subordinar a la mujer: quitándonos el derecho de heredar, condenándonos a la ignorancia, confinándonos a la casa, etc…
En muchos países se están modificando las leyes e implementando medidas para que las mujeres podamos disfrutar de los derechos que nos corresponden como seres humanos. Sin embargo, seguimos hablando de una manera excluyente.
Creo con firmeza espantosa que mientras yo, como ente, como ser, no me vea reflejada en mi idioma, en esa sociedad no hay un espacio para mí. ¿Cómo explicarle a mi hija que ella es tan valiosa como mi hijo si para nombrarla tiene que estar enmascarada en la frase “tengo dos niños”?
Yo no existo cada vez que a alguien le pesa integrarme en su vocabulario. Sigo marginada en los libros, en la radio, en la televisión, en los periódicos, en las esquinas y en mi casa.
¡Qué horror: me pellizco y me duele… pero no existo!

1 comment:

Unknown said...

Irún 14/3/2010 (6 de la madrugada)


Si una es capaz de tomar cierta distancia sobre el tema, y se puede hacer sin gran esfuerzo, se da cuenta de varias cosas.
En la raza humana, en general, la opresión en el amplio sentido de la palabra es uno de los grandes factores que sustentan la esencia de lo masculino. El ego masculino, tal y como lo conocemos, necesita de la sensación de dominio para no desmoronarse y quedarse falto de sentido. Por lo tanto, en un mundo dominado por la parte masculina, todo ha estado siempre dispuesto para que este dominio se diera sin posibilidad de discusión. Todas conocemos la cara de extrañeza que se les pone a los hombres frente a cualquier intento, por parte de las dominadas, de sacar los pies del plato.
Nacen y mueren en un mundo donde el hombre legisla sobre la sexualidad, el útero, los derechos de reproducción, la educación, las propiedades, la independencia, el futuro, la salud, la justa retribución… de la otra mitad de la humanidad.
Verdaderamente no lo entienden porque no tienen necesidad de entenderlo. El ego masculino necesita para sostenerse de todos sus huesos. Las cosas están bien como están, piensa, ¿cómo podrían ser de otra manera?
Y es que para darse esa otra manera habría que replantearse toda la humanidad.
Confieso que no puedo dejar de sentir cierta pena por el desasosiego y la angustia que esto debe hacerles sentir en sus estómagos.
El problema es que en ciertos momentos históricos, por diferentes circunstancias o por dejadez, el ego masculino abrió la mano y… se le fueron escapando las gallinas del corral. La mujer se fue colocando de manera que pudo verse a si misma en diferentes perspectivas, muy lentamente, porque al esclavo también le cuesta dejar la inercia de serlo. Y es esta inercia la que aún no ha permitido que el eje de lo femenino rote del todo y ha creado una nueva suerte de ser: la esclava ilustrada.
La nueva mujer que, aún contando con todos los conocimientos y razones, se resiste a utilizar toda esa artillería contra la otra parte de la humanidad. Y eso es bueno para el ego masculino porque, aunque la mujer tenga que retrasar su equiparación en el tiempo, hará el tránsito más fácil al contrario.
Pero no nos engañemos, no hay nada de heroico en esto, es que la mujer, acostumbrada más que el hombre a pensar en términos del bienestar de los demás y a sobrevivir, sabe desde el fondo de sus genes que somos un todo y que para que una silla funcione no se puede desestabilizar ninguna de sus patas.
Esto no es una guerra es una cuestión de acomodación de la mentalidad de la humanidad.
Mientras tanto mi querida Farala, en cuanto al idioma, déjame decirte que no existe fuera de nosotros/as, nos pertenece, por lo tanto si sientes que te excluye siéntete también libre para forzarlo a que te nombre… como hizo nuestra querida ministra de Igualdad aquí en la abuela patria inventándose, en un esfuerzo por hacer que cada apelativo tuviera su correspondiente femenino, lo de “ … a todos los miembros y miembras …”
Y bien que hizo.
No digas nunca más “tengo dos hijos”, di siempre “tengo una hija y un hijo”
¿Ves? Has vencido.
A nosotras nunca nos ha hecho falta que nos abran la puerta… tenemos la llave.
(Dicho esto, queda inaugurado este pantano)

La Inefable