Mi paso es una piedra iluminada
-pero una piedra-
y esta calle una taberna podrida en luces.
Etéreo rueda y me dibuja
con el garfio de su propia memoria.
Huye de quien se abalanza al destino
con la impertinencia minuciosa del rayo.
Huye de quien no ve en la muerte
un corazón con silueta de globo.
Huye sediento de sí uno que al rodar
quiso colgarse de un sueño…
Pero los sueños se rompen al caer,
cuando ruedan sin su collar de perro.
Wednesday, July 1, 2009
Monday, June 29, 2009
Detrás de las ovejas
Palpo el lado por donde pasó
la corriente más fría,
el tibio abrazo que navegó
por los canales abiertos de mi pecho,
cometa con larga cola de infortunios.
Me cubro con vendajes
que nublan mi vista otra vez.
Sigo las instrucciones de los que saben
que nunca marcho detrás de las ovejas.
la corriente más fría,
el tibio abrazo que navegó
por los canales abiertos de mi pecho,
cometa con larga cola de infortunios.
Me cubro con vendajes
que nublan mi vista otra vez.
Sigo las instrucciones de los que saben
que nunca marcho detrás de las ovejas.
Wednesday, June 24, 2009
Átame
Perdida y encontrada está esa mujer que amas.
Con el beso en la honda es un David poderoso y con miedo
un dedo recorriendo callejuelas hilvanadas
en una ciudad que esconde a dos amantes
como a dos gritos atrapados en un reloj de arena.
Y allí dentro, el misterio revela la muerte,
le hace abrir la boca mojada por un lechoso abrazo
y por la espesura de una certeza que toca sus pies.
Y allí abajo, echada como un perro,
lame los antiguos laberintos que te hicieron hombre
que te llevaron al principio de todos los comienzos
y te robó la voz con la que amabas para dejarte mudo de ti mismo
para arrancarte los besos dolorosos que una vez clavaron tu pecho
hasta dejarlo hueco y sonámbulo como el pecho de una paloma
aturdida por la bala.
Y allí, abajo,- átame –dice.
Átala junto al tronco de nomeolvides
átala al cordón de tu zapato para que no tropiece nunca.
Farah Hallal
Con el beso en la honda es un David poderoso y con miedo
un dedo recorriendo callejuelas hilvanadas
en una ciudad que esconde a dos amantes
como a dos gritos atrapados en un reloj de arena.
Y allí dentro, el misterio revela la muerte,
le hace abrir la boca mojada por un lechoso abrazo
y por la espesura de una certeza que toca sus pies.
Y allí abajo, echada como un perro,
lame los antiguos laberintos que te hicieron hombre
que te llevaron al principio de todos los comienzos
y te robó la voz con la que amabas para dejarte mudo de ti mismo
para arrancarte los besos dolorosos que una vez clavaron tu pecho
hasta dejarlo hueco y sonámbulo como el pecho de una paloma
aturdida por la bala.
Y allí, abajo,- átame –dice.
Átala junto al tronco de nomeolvides
átala al cordón de tu zapato para que no tropiece nunca.
Farah Hallal
Monday, June 8, 2009
Si el blower fuera un revólver…
No se requiere de muchos doctorados colgados detrás para saber que el negocio de los salones de belleza suele ser muy rentable en República Dominicana. Sin embargo, haría falta mucha imaginación para determinar, exactamente, cuántos hogares permanecen a flote gracias a esta fuente de ingreso.
A pesar de lo que representa este dinámico sector para la economía dominicana, estas muchachas que nos sirven con una sonrisa humilde y una fuerza guerrera, generalmente, desconocen sus derechos laborales.
En atención a eso señalo que si el blower fuera un revólver, a lo mejor también tendrían derecho a ocho dignas horas de trabajo, a recesos regulados y al agua para sus cuerpos deshidratados mientras disparan su instrumento en el campo de batalla.
A pesar de lo que representa este dinámico sector para la economía dominicana, estas muchachas que nos sirven con una sonrisa humilde y una fuerza guerrera, generalmente, desconocen sus derechos laborales.
En atención a eso señalo que si el blower fuera un revólver, a lo mejor también tendrían derecho a ocho dignas horas de trabajo, a recesos regulados y al agua para sus cuerpos deshidratados mientras disparan su instrumento en el campo de batalla.
Saturday, April 25, 2009
Un ojo en la media
Mi ojo derecho se escondió en mi media.
Allí suda y habla como loco con camisa.
El cuarto no tiene ventanas que lo ayuden a mirarse,
como un ojo sano.
Mi ojo derecho teme que una uña intente desgarrarlo.
No se atreve a llorar no vaya a ser que parezca un orín mojando una media.
No se atreve a reír porque la felicidad fue incestuosa con la piedra del zapato.
Mi ojo derecho es pobre porque no tiene nada que le atormente,
y aún así, se bebe cada palabra que ve, como un frasco de pastillas.
Mi pie derecho es un desnudo que aspira a una iluminación renacentista,
pero mi ojo derecho se escondió en mi media, donde la luz no pasa.
Farah Hallal
Allí suda y habla como loco con camisa.
El cuarto no tiene ventanas que lo ayuden a mirarse,
como un ojo sano.
Mi ojo derecho teme que una uña intente desgarrarlo.
No se atreve a llorar no vaya a ser que parezca un orín mojando una media.
No se atreve a reír porque la felicidad fue incestuosa con la piedra del zapato.
Mi ojo derecho es pobre porque no tiene nada que le atormente,
y aún así, se bebe cada palabra que ve, como un frasco de pastillas.
Mi pie derecho es un desnudo que aspira a una iluminación renacentista,
pero mi ojo derecho se escondió en mi media, donde la luz no pasa.
Farah Hallal
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