Thursday, January 10, 2013

El caótico rumbo de la paciencia

El caos en el proceso electrónico de reinscripción de la UASD y las declaraciones de su Rector Mateo Aquino Febrillet publicadas en un artículo del periódico Hoy (ver enlace), traen a mi memoria dos frases célebres. Una está en la Biblia y es pregunta: “¿quién empieza a construir una casa sin antes calcular el costo?”. La otra frase célebre es un dicho popular que aprendí desde niña: en el camino se emparejan las cargas. La cosa es que ninguna institución seria (sea pública o privada, sea educativa o de otra naturaleza) debe darse el lujo de ofrecer un servicio que no tiene la capacidad de brindar. Y aunque parezca que este caos es una oportunidad fabulosa para evidenciar que la UASD necesita fondos, cosa cierta sin duda, entendamos la dimensión personal de esta “piedra de tropiezo”: con cada retraso o impedimento de una sola reinscripción se está jugando con la vida de una persona que hace un gran esfuerzo para estudiar. La educación es sagrada.


En lo personal, este es mi año para cultivar la paciencia. Y creo firmemente que debo tener paciencia para esperar en lo que voy construyendo. Pero creo que nada sería más caótico para este pueblo que seguir teniendo paciencia con asuntos de esta naturaleza. Si la institución no reúne las condiciones para asumir este proceso por una vía tecnológica: volvamos a las filas. Pero tengamos oportunidades a mano. La ineficiencia en el servicio no debe ser una marca de identidad de nuestras instituciones. En este caso no es aceptable emparejar las cargas por el camino. El rol de quienes dirigen el país y representan nuestras instituciones no es el de pedir paciencia. Es el de garantizar que cada ser humano reciba un servicio a la altura de su dignidad.


http://hoy.com.do/el-pais/2013/1/9/461882/Rector-atribuye-problemas-a-congestion



Monday, November 14, 2011

Lengua

¿Qué voy a hacer yo, yéndome

hacia la esfera que delira?

Orlando Cordero

Atada suavemente a su lámpara,

la luz desciende sobre nosotros.

A cuestas lleva su juego de sombras

el sollozo arrimado a la noche

y su humedad de relámpago.

Temblorosa yace en la esquina

la que niega sus vértices sobre la llama.

Es neblina su ojo vagando en la vigilia

esfera en el pecho, exactitud de hora.

Puntiagudo es el instante de la lengua

que lame el tiempo y su significado.


Farah Hallal

Thursday, September 16, 2010

La equivocada percepción sobre mi propia ausencia

Reconozco que estuve equivocada. No es posible ser tan diferente, es decir, tan única. Es cierto, vergonzoso y cierto. Después de caminar por la vida atada a una niñez enclenque, estoy aquí de frente al mundo, pensando cómo tardé tanto para llegar a reconocer en otra, mi propia ausencia.

Admito que quise empezar a leer uno de los cuentos dispuestos a mitad de libro, como es mi costumbre: romper las reglas cuando no dañan a nadie. Sin embargo, rompí mi regla de romper y, esta vez, empecé a leer por el principio. De los Cuentos reunidos (Alfaguara) de Clarice Lispector, empecé leyendo el libro Lazos de familia. Esta edición incluye trece cuentos. Ya para el tercer cuento me preguntaba si estaba leyendo narrativa pura o poesía pura: ritmo, forma, profundidad, voz, sorpresa, tensión, intensidad, imagen y una belleza dolorosa que parte. Y, como no falta el incrédulo, la cito: “Fue caminando hacia lo imprevisible de la calle. Las casas dormían en las puertas cerradas.” (Tomado del cuento Preciosidad).

¿Qué compartir sobre esta experiencia lectora? Confieso que me encontré con un texto del que se puede decir que es sencillo de leer, pero con una compleja oferta de fondo y forma que invita a hacer un viaje, a mil millas por hora, mar adentro. Por eso, ya para el noveno cuento, me preguntaba si estaba leyendo mi propio diario, ese que nunca escribí.

Admito que me encontré en todas las mujeres que describió Clarice Lispector en estas historias: felices por no tener de otra, encerradas en su propia conciencia, almirantes de sus propios males (no mares). Es más, en un momento me reconocí también en aquella gallina “inconsciente de la vida que le fue entregada” (tomado del cuento Una gallina).

Estos cuentos, aunque complejos, me resultaron tan entretenidos como una película de domingo por la tarde. Se han convertido en el último pensamiento antes de acostarme. La vida de los personajes no es más excitante que la mía: eso es lo bueno, que nuestras miserias y glorias son muy parecidas. Clarice Lispector recurrió a contar todo lo que pienso, todo lo que palpita en mí con la fuerza de un deseo. Y me siento descubierta en todas ellas.

Encontré en sus cuentos una narrativa inteligente, en la que sentí que no se me estaba llevando al conocimiento de un hecho digno de contarse, al contrario lo digno de contarse en todo aquello que está en torno al hecho. ¿Qué contaba? A veces me pareció que ese hecho tenía cierto parecido con una variable, lo que me hizo pensar que mi propia historia estaba entretejida y era mi propio hecho el que se contaba.
Dicho todo esto, a lo mejor parezca que no dije nada. En parte porque la experiencia entre lectores y lectores difícilmente sea la misma. Aseguro que leer este libro es una experiencia personal memorable. Está disponible para préstamo en la Biblioteca del Centro Cultural del España.

Friday, March 12, 2010

¡Pero no existo!

Históricamente los sistemas políticos, legales, culturales, religiosos y sociales han estado concebidos para subordinar a la mujer: quitándonos el derecho de heredar, condenándonos a la ignorancia, confinándonos a la casa, etc…
En muchos países se están modificando las leyes e implementando medidas para que las mujeres podamos disfrutar de los derechos que nos corresponden como seres humanos. Sin embargo, seguimos hablando de una manera excluyente.
Creo con firmeza espantosa que mientras yo, como ente, como ser, no me vea reflejada en mi idioma, en esa sociedad no hay un espacio para mí. ¿Cómo explicarle a mi hija que ella es tan valiosa como mi hijo si para nombrarla tiene que estar enmascarada en la frase “tengo dos niños”?
Yo no existo cada vez que a alguien le pesa integrarme en su vocabulario. Sigo marginada en los libros, en la radio, en la televisión, en los periódicos, en las esquinas y en mi casa.
¡Qué horror: me pellizco y me duele… pero no existo!

Saturday, December 5, 2009

Presentación de poemario "Una mujer en caracol"


Como parte de un programa que busca promover la divulgación de poesía de autores de la provincia Hermanas Mirabal, a propósito del pasado festival cultural, Noé Zayas, Subsecretario de Cultura para la Región Nordeste, coordinó la edición de la colección de poemas, titulada Una mujer en caracol de la autoría de Farah Hallal, poeta nativa de la ciudad de Salcedo.

Editada bajo el sello Ángeles de Fierro, el poemario Una mujer en caracol será presentado por el Director del Plan Quinquenal del Libro y la Lectura, Juan Freddy Armando, el próximo miércoles 9 de diciembre a las 8:30 p.m. en la Casa de las Academias, ubicada en la calle Mercedes #204 de la Zona Colonial de esta ciudad.

Este acto de presentación, abierta para todo público, reunirá a un grupo de prestigiosos escritores amigos en el patio interior de la Casa de las Academias. Allí, reconocidos poetas dominicanos se prestarán para una amena lectura de poemas. También habrá voces y guitarras, con la joven promesa dominicana José Fermín y el artista plástico y cantante argentino, Marcelo Ferder, quien cerrará la noche.

Tuesday, October 13, 2009

La jornada

Se levantaron y mordieron la calidez del pan,
así probaron la dulzura
de abrir y cerrar esas cortinas
que cubren la textura del beso,
del soterrado beso, del absuelto beso
que vaga por el matinal camino de la sábana.
Se levantaron y echaron a rodar una nueva jornada
así contaminaron los elevados pasos de este día.
Con el olor de la tinta que imprimen las malas noticias
perturbaron los pensamientos que parten el tiempo
con el silábico ritmo de los relojes,
con la gracia exhumada y propia de un instante.
Se echaron, entonces, sobre la tierra
como semillas que caen sobre el tiempo,
ese tiempo tendido como una coordenada,
ese tiempo redondo como un objeto agrio
como una fruta mitad justo a tiempo y mitad todavía.
Y se comieron las uñas con la testarudez de las doce,
se bebieron el cielo y las nubes de su estampado,
se endulzaron la boca con el amargo de una gárgara,
se bebieron los ríos que hacían sonar
la redondez del mundo como una campanilla,
se bebieron la música de los cantores que ofician misa
en las copas de los árboles,
se arroparon de pies a cabeza con la sabiduría
del día que baja como un niño temeroso
que sigue el inevitable cauce del tobogán.

Farah Hallal

Saturday, September 5, 2009

Ya no quiero ser…

Ya no quiero ser una niña buena, si debo ser esa que se siente obligada a perdonar por temor a quedarse sola. Ya no quiero ser una niña buena, si debo maquillarme, digo disfrazarme, por las mañanas para el que el rímel disimule que antes de las ocho ya estoy cansada de corretear detrás de los preparativos para enviar a mi niño y a mi niña a la escuela. Ya no quiero ser una niña buena si siento pena por las mujeres afganas que no conocen sus derechos, pero no siento pena por las mujeres de este lado del mundo que conociendo sus derechos, no los defienden.

Ya no quiero ser una niña buena, si me sigue doliendo que las mujeres musulmanas se cubran la cabeza mientras nosotras insistimos, de este lado del mundo, en pagar mucho dinero por unos tacones de aguja que nos torturarán todo el día. Sólo porque necesitamos unos tacones para sentir que somos admiradas, que caminamos con mejor estilo. Yo creo que nos azotamos nosotras mismas, sin ayuda de nadie.

¿Acaso por eso merecemos más? Nosotras podemos alzar la voz para protestar por una injusticia, pero preferimos callar para “evitar conflictos”; podemos caminar libremente por la calle, pero preferimos quedarnos en casa para que nuestro compañero no se sienta celoso o para limpiar solas toda la casa. ¿Nos resulta más cómodo no defender nuestros derechos?

De este lado del mundo las mujeres sí podemos estudiar en todas las universidades, pero posponemos nuestros estudios o hobbies porque ahora estamos enfocadas en una relación y no en nuestras propias vidas. O porque hay dinero para todo en la familia menos para invertirlo en nuestra capacitación. Somos libres para vestirnos con la ropa que deseamos y gastamos mucho dinero en ello para gustarles a los demás, pero no utilizamos estos recursos para practicar un deporte que siempre nos gustó, para irnos solas de viaje o ahorrar para un proyecto personal.

Lo he decidido: ya no quiero ser una niña buena. Tampoco quiero que mi hija sea una niña buena. Quiero que las dos seamos seres felices, preparadas, respetadas; seres con valores, con anhelos, con determinación, con valentía, con poder… seres que sepan cómo hacer uso de su libertad.

Wednesday, September 2, 2009

¿Para qué quiero una vida larga?


El próximo día diez cumpliré mis 34. En mi pasado soplé algunos cumpleaños coloridos y sonoros. Probé épocas en las que todos pensaron que los demás me habían llamado pero casi nadie lo hizo. Inflé cumpleaños muy vistosos, en los que recibí varios regalos. Pero también vi llegar cumpleaños sin amigos, sin flores ni suspiros.

Pero dos cosas nunca me faltaron: la capacidad para advertir el amor que ustedes me dan y un sentimiento profundo y sincero de gratitud escrito en negritas y con una tipografía despampanante. Por eso pienso que vale la pena vivir, aun cuando la vida que llevamos no sea, exactamente, lo que habíamos planeado para esta fecha.
Quiero vivir pero no por las razones equivocadas. No quiero una hermosa casa, quiero un hogar feliz. Vivir en un cuerpo feliz. Y morir –cuando llegue el momento- en un cuerpo feliz.

Quiero una vida larga para disfrutar de mi vida como nunca antes lo hice. Para leer los libros que me muero por leer pero que no he sacado el tiempo. Para recuperar los momentos en que pospuse ver el mar. Quiero una vida larga para demostrarles a las personas que me quieren que ese amor es recíproco, aunque yo me haya demorado mucho en demostrarlo. Quiero una vida larga para agradecerles a las personas su amor, su confianza, su cariño, su tolerancia y su respeto.

Quiero una vida larga para reír con mi hija y mi hijo o para estar ahí cuando necesitemos llorar en familia. Para que veamos los amaneceres en la playa que Itzel siempre quiso ver y a los que nunca la llevé pensando que era muy niña. Quiero vivir para escribir las canciones que canto en mi corazón y que nadie ha podido escuchar. Para descubrir si será cierto que dos esposos pueden envejecer juntos… como una vez nos lo prometimos delante de su familia y de la mía. Para descubrir todos los días los matices hermosos que nos ofrece el amor. Para bailar todas las canciones elegí no disfrutar. Para protestar por las injusticias que callé o para disfrutar de mi silencio personal y voluntario.

Quiero vivir para amar a todas las personas que conozco y aquellas que me faltan por conocer. Para descubrir que valió la pena vivir sin caparazón, para seguir amando sin medida, sin interés alguno, sin ambición, sin utilizar a la gente que conozco, sin tener mucho de qué avergonzarme.

De regalo de cumpleaños les doy la promesa de esforzarme por ser cada vez más generosa, atenta y más tolerante. Y a mí me daré el regalo de perdonarme por todo aquello que no logré y por todo aquello que quise ser y nunca fui.

Quiero vivir para disfrutar y celebrar esa maravillosa imperfección que me hace cada vez más humana.

Friday, August 14, 2009

Un pincel sobre Santo Domingo

El pincel rompe el trazo, a veces,
y los ojos mojados de un color mestizo
y la paleta abatida que mezcla un pensamiento puro
con otro de un color más claro, pero igualmente muerto.
Afuera, otra ciudad con nombre propio,
es pintada sobre Santo Domingo,
-su majestuosidad irreproducible y transparente,
ha visto morir a todos los campesinos-.
Ha muerto tanto la ciudad en el retrato
que más vale la pena quedarse dormida
como los perros echados en las aceras,
como los vendedores de miseria ambulante,
como los niños que lavan su inocencia en los cristales
bajo señales rojas que parpadean por dentro.
Morel no podrá pintar más caras de honradez pálida
más miradas inocentemente pervertidas,
ni más colores alegres encenderán a las ancianas
que fuman sus pipas.
Ha muerto la ciudad en el retrato
y ya no hay casuchas de madera inclinadas pobremente
hacia el laberinto que lleva al libro Doce bocas por casa.
Los campesinos han muerto sobre la ciudad
y el narcoamor mina la calle y borra los puentes
que nos hacen solo parecidos al amor incendiario
de Sir Francis Drake.
La desventura y el hambre han derrumbado nuestras fortalezas
por eso Las Damas ya no cruza
como una señora arrastrando la virtud
con su vestido elegante de bordados húmedos,
ahora la ciudad nueva lleva un “baji-mama” para los extranjeros
así adorna los puentes que unen el hambre atroz del este y el oeste,
del sur petrificado en su espasmo polvoriento
y espera a que abran más fábricas de miseria impecable.

Ya la noticia no galopa,
no se guarece bajo las copas de los árboles,
es un mensaje relámpago que importuna el sueño
para hacernos saber que somos un trazo
-de tiza o de sangre- a medio camino.

Teresa,
somos el extravío de lo que fuimos:
la niña que todos los días se alimenta de espinas,
el niño que encontró un disparo en un vaso de leche,
la mujer muerta al lado de la infelicidad impune,
y un hombre con su futuro pedido y deportado.

Wednesday, July 1, 2009

La piedra

Mi paso es una piedra iluminada
-pero una piedra-
y esta calle una taberna podrida en luces.
Etéreo rueda y me dibuja
con el garfio de su propia memoria.
Huye de quien se abalanza al destino
con la impertinencia minuciosa del rayo.
Huye de quien no ve en la muerte
un corazón con silueta de globo.
Huye sediento de sí uno que al rodar
quiso colgarse de un sueño…
Pero los sueños se rompen al caer,
cuando ruedan sin su collar de perro.